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Frases de La ciudad y los perros

Rubén Yagüe
Rubén Yagüe
Un cuaderno con texto en español dice: "Nada le aterraba tanto como la posibilidad de fracasar ante los ojos de los demás". En la parte inferior hay una barra de búsqueda con "Frases de Libros Intentarlo.com".

Cruzar la verja del colegio Leoncio Prado no significaba entrar a estudiar; significaba aceptar de golpe que las reglas de fuera ya no servían para nada. En ese recinto de hormigón y neblina caladora, los cadetes aprendían muy rápido que la debilidad se paga cara y que la única forma de sobrevivir al acoso de los mayores era mimetizarse con el asfalto. Vargas Llosa no escribió sobre uniformes, escribió sobre el momento exacto en que un chico decide apagar su propia compasión porque mantenerla encendida duele demasiado.

Aquí no vas a encontrar épica militar ni valores de camaradería intachable. Lo que queda atrapado en estas páginas es el frío de las guardias nocturnas, el robo de exámenes por pura desesperación y la asfixia de fingir que no tienes miedo cuando el estómago se te hace un nudo. Lee despacio; hay frases que raspan la garganta con la misma aspereza que la lana del uniforme.

Las marcas de tiza en el muro del Leoncio Prado

El aislamiento te impone una ceguera voluntaria. Empiezas a justificar castigos que antes te habrían parecido salvajes, simplemente porque ver al otro sufrir te confirma que, por hoy, tú estás a salvo del golpe.

  1. «El silencio era absoluto, sólo se escuchaba el ruido de las hojas secas bajo los pies de los cadetes.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  2. «No hay que llorar, compañero, dijo el único que no estaba llorando. Ya sabíamos que iba a pasar. Lo que importa es que no nos han matado.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  3. «No sé de qué se trata la vida, sólo sé que se acaba.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  4. «Y supo que la patria no era un cuerpo glorioso, una lengua mágica, una bandera; que la patria era la gente, esa gente sencilla y concreta que luchaba por el día a día sin saber por qué, y que muchas veces moría sin saber para qué.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  5. «Nunca había sentido tanto miedo. Sabía que nunca se vive el mismo día dos veces.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  6. «Vivía una vida de esclavo y no se daba cuenta. Se había dejado atrapar en un mundo que no era el suyo, y ahora se daba cuenta de que había perdido la libertad sin darse cuenta.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  7. «No hay nada más triste que la memoria de la felicidad en tiempos de miseria.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  8. «La verdad es la verdad, y no se puede medir con reglas ajenas a ella.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  9. «Los árboles de la avenida Santa Cruz, plantados por los españoles, reverdecían de un día para otro.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  10. «El aire que se respira en Lima es un veneno, un aire ya sin frescura, un aire de animal agonizante.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  11. «Un hombre podía cambiar de casa, de ciudad, de país, de rostro, de familia, de trabajo, y hasta de nombre, pero lo que no podía cambiar era el color de su piel.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  12. «El viento soplaba con fuerza, moviendo las hojas y desordenando el cabello de los hombres, que parecían soportar estoicamente el castigo del aire.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  13. «No pensaba, no sentía, sólo estaba allí, entre los otros, siendo tratado como un objeto más, una cosa.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)

Imágenes retenidas tras los barrotes

En un papel rayado, escrito a mano en español, se lee la cita: "No sé de qué se trata la vida, sólo sé que se acaba". Debajo está escrito, "La ciudad y los perros".
Un bloc de notas azul muestra la cita en español "No hay nada más triste que la memoria de la felicidad en tiempos de miseria", atribuida a "La ciudad y los perros". En la parte inferior, se ve una barra de búsqueda de Google.

Frases de La ciudad y los perros para asimilar el cinismo institucional

Cuando te exigen obediencia a base de humillación constante, la moralidad se vuelve un lujo carísimo. Las normas oficiales del cuartel chocan de frente con el código clandestino de las cuadras, donde el que acata las reglas escritas es pisoteado sin piedad.

  1. «Nada le aterraba tanto como la posibilidad de fracasar ante los ojos de los demás.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  2. «Lo único que quería era saber, saberlo todo, incluso lo que no era para saber.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  3. «El deber de cada uno es ejercitar su fuerza personal sin hacerle daño a nadie más.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  4. «Los pensamientos eran libres, pero las palabras estaban encadenadas.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  5. «En cierto modo, tenía derecho; todos en el colegio respetaban la venganza.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  6. «Ni en la guerra debe haber muertos inútiles. Usted me entiende, vaya al colegio y trate en el futuro de que la muerte del cadete Arana sirva para algo.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  7. «Pero no olvide tampoco que lo primero que se aprende en el Ejército es a ser hombres. Los hombres fuman, se emborrachan, tiran contra, culean. Los cadetes saben que, si son descubiertos, se les expulsa. Ya han salido varios. Para hacerse hombre hay que correr riesgo, hay que ser audaz. Eso es el Ejército, Gamboa, no sólo la disciplina.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)

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La anulación de la empatía en las literas

Agachar la cabeza ante el abuso se convierte en un acto reflejo, un mecanismo de pura supervivencia biológica. Llega un punto en el que ver a tu compañero sufrir el castigo que te tocaba a ti no te da lástima, te genera un alivio sucio y urgente.

  1. «- ¿Usted es un perro o un ser humano? -preguntó la voz. -Un perro, mi cadete. -Entonces, ¿Qué hace de pie? Los perros andan a cuatro patas. Él se inclinó, al asentar las manos en el suelo, surgió el ardor en los brazos, muy intenso. Sus ojos descubrieron junto a él a otro muchacho, también a gatas. -Bueno -dijo la voz-. Cuando dos perros se encuentran en la calle, ¿Qué hacen? Responda, cadete. A usted le hablo. El Esclavo recibió un puntapié en el trasero y al instante contestó: -No sé, mi cadete. -Pelean -dijo la voz-. Ladran y se lanzan uno encima de otro. Y se muerden. El Esclavo no recuerda la cara del muchacho que fue bautizado con él. Debía ser de una de las últimas secciones, porque era pequeño. Estaba con el rostro desfigurado por el miedo y, apenas calló la voz, se vino contra él, ladrando y echando espuma por la boca y de pronto el Esclavo sintió en el hombro un mordisco de perro rabioso y entonces todo su cuerpo reaccionó y mientras ladraba y mordía, tenía la certeza de que su piel se había cubierto de una pelambre dura, que su boca era un hocico puntiagudo y que, sobre su lomo, su cola chasqueaba como un látigo.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  2. «Las sombras pasaban y pasaban a mi lado y me dolían las manos y los pies de tanto darles, seguro que también sacudí a algunos de cuarto, en esas tinieblas quien iba a distinguir. “¿Y que pasa con las malditas luces, suboficial Varua?”, gritaba Huarina, “¿no ve que estos animales se están matando?”.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  3. «(…) Robo de exámenes, robo de prendas, emboscadas contra los superiores, abuso de autoridad con los cadetes de tercero. ¿Sabes lo que eres? Un delincuente. -No es cierto -dijo el Jaguar-. No he hecho nada. He hecho lo que hacen todos. – ¿Quién? -dijo Gamboa-. ¿Quién más ha robado exámenes? -Todos -dijo el Jaguar-. Los que no roban es porque tienen plata para comprarlos.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  4. «Podía soportar la soledad y las humillaciones que conocía desde niño y sólo herían su espíritu: lo horrible era el encierro, esa gran soledad exterior que no elegía, que alguien le arrojaba encima como una camisa de fuerza.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  5. «Pero qué importaba el pasado, la mañana desplegaba ahora a su alrededor una realidad luminosa y protectora, los malos recuerdos eran de nieve, el amarillento calor los derretía. Mentira, el recuerdo del colegio despertaba aún esa inevitable sensación sombría y huraña bajo la cual su espíritu se contraía como una mimosa al contacto de la piel humana. Sólo que el malestar era cada vez más efímero, un pasajero granito de arena en el ojo, ya estaba bien de nuevo.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)

Frases de La ciudad y los perros para entender el castigo y la culpa

Asimilar la disciplina irracional te pudre por dentro. Cuando te enseñan que la ley no está para protegerte sino para vigilarte, aprendes a esconderte incluso de ti mismo, cargando con un miedo que no se quita al cruzar la puerta los fines de semana.

  1. «Ahora ella está de frente a él. De golpe, Alberto descubre que el rostro tantas veces evocado en el colegio estás últimas semanas tenía una firmeza que no asoma en el rostro que ve a su lado, el mismo que vio en el cine Metro, o tras esa puerta, cuando se despidieron, un rostro cohibido, unos ojos tímidos que se apartan de los suyos y se abren y cierran como tocados por el sol de verano.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  2. «El amor es lo peor que hay. Uno anda hecho un idiota y ya no se preocupa de sí mismo. Las cosas cambian de significado y uno es capaz de hacer las peores locuras y de fregarse para siempre en un minuto.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  3. «Ha olvidado los hechos minúsculos, idénticos, que constituían su vida, esos días que siguieron al descubrimiento de que tampoco podía confiar en su madre, pero no ha olvidado el desánimo, la amargura, el rencor, el miedo que reinaban en su corazón y ocupaban sus noches. Lo peor era simular…» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  4. «Se sintió viejo; la vida era monótona, sin alicientes, una pesada carga. En las clases, sus compañeros hacían bromas apenas les daba la espalda el profesor: cambiaban morisquetas, bolitas de papel, sonrisas. Él los observaba, muy serio y desconcertado: ¿Por qué no podía ser como ellos, vivir sin preocupaciones, tener amigos, parientes solícitos?» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  5. «La mujer sonreía teatralmente y se había lanzado a hablar sin pausas. En el chisporroteo de palabras, las fórmulas de cortesía que Alberto había escuchado en su infancia aparecían como en caricatura, condimentadas con adjetivos lujosos y gratuitos, y a ratos comprendía que lo trataban de señor y de don y lo interrogaban sin esperar su respuesta. Se halló envuelto en una costra verbal, en un laberinto sonoro.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  6. «Desde allí vio en un lento remolino, a su madre que saltaba de la cama y vio a su padre detenerla a medio camino y empujarla fácilmente hasta el lecho, y luego lo vio dar media vuelta y venir hacia él, vociferando, y se sintió en el aire, y, de pronto, estaba en su cuarto, a oscuras, y el hombre cuyo cuerpo resaltaba en la negrura le volvió a pegar e la cara,y todavía alcanzó a ver que el hombre se interponía entre él y su madre que cruzaba la puerta, la cogía de un brazo y la arrastraba como si fuera de trapo, y luego la puerta se cerró y él se hundió en una vertiginosa pesadilla.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)

Tres fogonazos verbales antes de romper filas

A veces la brutalidad del entorno se condensa en un puñado de sílabas exactas. Tiralíneas precisos que definen las reglas del juego sin dejar margen para ninguna excusa complaciente.

  1. «La belleza no es más que el primer error de la razón.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  2. «O comes o te comen, no hay más remedio.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)

La extrañeza del mundo exterior al salir del cuartel

Volver a casa tras una semana de fricción constante desorienta a cualquiera. La ciudad que conocías de niño parece haber encogido, y el exceso de amabilidad de tu familia te resulta asfixiante comparado con la franqueza salvaje a la que te obligan ahí dentro.

  1. «Los zorros del desierto de Sechura aúllan como demonios cuando llega la noche; ¿sabes por qué? Para quebrar el silencio que los aterroriza.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  2. «Sólo la libertad le interesaba ahora para manejar su soledad a su capricho, llevarla a un cine, encerrarse con ella en cualquier parte.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  3. «Lima le daba miedo, era muy grande, uno podía perderse y no encontrar nunca su casa, la gente que iba por la calle era desconocida.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  4. «—Pero a mí eso no me importa. Yo estoy enamorado de ti, seas como seas. —Pero yo no. Lo he pensado mejor y no estoy enamorada de ti.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  5. «Soñaba toda la semana con la salida, pero apenas entraba a su casa se sentía irritado: la abrumadora obsequiosidad de su madre era tan mortificante como el encierro.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  6. «Eres el único amigo que tengo. Antes no tenía amigos, sino conocidos. Quiero decir en la calle, aquí ni siquiera eso. Eres la única persona con la que me gusta estar.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  7. «—Teresa no me contesta —dijo el Esclavo—. Van dos cartas que le escribo. —¿Y qué mierda te importa? —dijo Alberto. El mundo está lleno de mujeres.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  8. «Los trapos sucios se lavan en casa.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  9. «No hay que forzar las cosas para que coincidan con las leyes, Gamboa, sino al revés, adaptar las leyes a las cosas —la mano del capitán Garrido revoloteó en el aire, inspirada—: Si no, la vida sería imposible. La terquedad es un mal aliado.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)
  10. «Los domingos en la mañana, después del desayuno, hay misa. El capellán del colegio es un cura rubio y jovial que pronuncia sermones patrióticos donde cuenta la vida intachable de los próceres, su amor a Dios y al Perú y exalta la disciplina y el orden y compara a los militares con los misioneros, a los héroes con los mártires, a la Iglesia con el Ejército. Los cadetes estiman al capellán porque piensan que es un hombre de verdad: lo han visto, muchas veces, vestido de civil, merodeando por los bajos fondos del Callao, con aliento a alcohol y ojos viciosos.» — Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros, 1963)

Dudas habituales sobre la maquinaria de Vargas Llosa

¿Qué denuncia realmente el libro a través de los cadetes?

La novela destapa cómo la presión grupal aniquila la individualidad. Exige someterse a una idea tóxica de hombría donde el engaño y el abuso premian, mientras la honestidad te convierte en un objetivo fácil. Si te fascina cómo la literatura desarma los comportamientos humanos, revisa estas grandes frases de libros que rascan bajo la superficie.

¿Por qué el lenguaje militar es tan opresivo en la trama?

Porque funciona como una celda invisible. Las órdenes cortas, los insultos jerárquicos y la falta absoluta de diálogo real condicionan el pensamiento de los jóvenes, obligándolos a reprimir cualquier duda. Para entender mejor cómo el Nobel peruano domina la tensión en sus diálogos, explora más frases de Mario Vargas Llosa a lo largo de su carrera.

El último pase de lista

Tapar los ojos ante la hostilidad de una estructura rígida no la suaviza, solo te hace más lento para encajar el golpe. La obra nos escupe a la cara que la supuesta disciplina formadora a menudo esconde una violencia silenciosa que deforma a quienes pasan por ella. Y nadie sale ileso. Al obligar a sus protagonistas a negociar diariamente con el miedo, el libro expone un fenómeno durísimo: el aprendizaje de la crueldad no ocurre por instinto, sino por estricta adaptación al ambiente hostil.

¿Qué te choca más de todo este circo armado en los pasillos del colegio? No sé los tuyos, pero el instinto de apartar la mirada frente al abuso sigue tan de guardia hoy como en aquellos barracones de Lima.

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