Frases de Cien años de soledad

Cien años de soledad se publicó en 1967 y desde entonces cada lector tiene su frase. La del hielo, la de la lluvia que no paraba, la de Úrsula plantada en la puerta, la última línea del libro.
Aquí están las frases de la novela de Gabriel García Márquez que más se buscan, copiadas tal cual y agrupadas por lo que cuentan: la soledad de los Buendía, los amores que llegan tarde, la memoria de Macondo y las guerras que no llevaron a ningún sitio.
Las que todo el mundo recuerda
Empezamos por las más citadas. Varias resumen la novela entera en una línea, y la primera de la lista es, de hecho, la última del libro.
- «Las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Había perdido en la espera la fuerza de los muslos, la dureza de los senos, el hábito de la ternura, pero conservaba intacta la locura del corazón.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo la tierra. Úrsula replicó, con una suave firmeza: —Si es necesario que yo me muera para que se queden aquí, me muero.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Que la memoria no tenía caminos de regreso, que toda primavera antigua era irrecuperable, y que el amor más desatinado y tenaz era de todos modos una verdad efímera.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Y se lamentaban de cuánta vida les había costado encontrar el paraíso de la soledad compartida.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Intrigado con ese enigma, escarbó tan profundamente en los sentimientos de ella, que buscando el interés encontró el amor, porque tratando de que ella lo quisiera terminó por quererla.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Había estado en la muerte, en efecto, pero había regresado porque no pudo soportar la soledad.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Era en verdad una aldea feliz, donde nadie era mayor de treinta años y donde nadie había muerto.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «El mundo habrá acabado de joderse —dijo entonces— el día en que los hombres viajen en primera clase y la literatura en el vagón de carga.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Querían dormir, no por cansancio sino por nostalgia de los sueños.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
Frases de Cien años de soledad sobre la soledad y el amor
La soledad del título no es una sola: cada Buendía tiene la suya. La del coronel es la del poder, la de Amaranta es la del encierro, y casi todas acaban mezcladas con algún amor que llegó tarde o que nunca se dijo.
La soledad de cada Buendía
- «Extraviado en la soledad de su inmenso poder, empezó a perder el rumbo.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Había necesitado muchos años de sufrimiento y miseria para conquistar los privilegios de la soledad, y no estaba dispuesta a renunciar a ellos a cambio de una vejez perturbada por los falsos encantos de la misericordia.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «La adolescencia le había quitado la dulzura de la voz y le había vuelto silencioso y definitivamente solitario, pero en cambio le había restituido la expresión intensa que tuvo en los años al nacer.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «La vida se le iba en bordar el sudario. Se hubiera dicho que bordaba durante el día y desbordaba en la noche, y no con esperanza de derrotar en esa forma la soledad, sino todo lo contrario, para sustentarla.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «No era extraño su hermetismo. Aunque parecía expansiva y cordial, tenía un carácter solitario y un corazón impenetrable.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «La necesidad de sentirse triste se le iba convirtiendo en un vicio a medida que la devastaban los años.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Sólo él sabía entonces que su aturdido corazón estaba condenado para siempre a la incertidumbre.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «El mundo se redujo en la superficie de su piel, y el interior quedó a salvo de toda amargura.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
Amores que llegan tarde
- «El llanto más antiguo de la historia del hombre es el llanto de amor.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Ambos quedaron flotando en un universo vacío, donde la única realidad cotidiana y eterna era el amor.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «El amor podía ser un sentimiento más reposado y profundo que la felicidad desaforada pero momentánea de sus noches secretas.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Durante cuatro años él le reiteró su amor, y ella encontró siempre la manera de rechazarlo sin herirlo, porque aunque no conseguía quererlo ya no podía vivir sin él.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Locamente enamorados al cabo de tantos años de complicidad estéril, gozaban con el milagro de quererse tanto en la mesa como en la cama, y llegaron a ser tan felices, que todavía cuando eran dos ancianos agotados seguían retozando como conejitos y peleándose como perros.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Y fue así como en la plenitud del otoño volvió a creer en la superstición juvenil de que la pobreza era una servidumbre del amor.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «A mi me bastaría con estar seguro de que tú y yo existimos en este momento.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Llegó a ser tan sincera en el engaño que ella misma acabó consolándose con sus propias mentiras.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
Macondo en imágenes





El insomnio, la memoria y la nostalgia
En los primeros capítulos, Macondo entero pierde el sueño y, con él, la memoria: los vecinos acaban pegando carteles a las cosas para no olvidar cómo se llaman. Desde entonces el recuerdo es casi otro personaje de la novela.
- «Pero la india les explicó que lo más temible de la enfermedad del insomnio no era la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio alguno, sino su inexorable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «La nostalgia que se estaba pudriendo en su corazón, y que lo asfixiaba desde hacía tantos años, se desbordó como un río invernal.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Se empeñó en un callado aprendizaje de las distancias de las cosas, y de las voces de la gente, para seguir viendo con la memoria cuando ya no se lo permitieran las sombras de las cataratas.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Entonces empezó el viento, tibio, incipiente, lleno de voces del pasado, de murmullos de geranios antiguos, de suspiros de desengaños anteriores a las nostalgias más tenaces.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Lo sintió debajo de la túnica como un viento helado que le llegaba desde el mundo fantástico de los recuerdos.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «La nostalgia se desvanecía con la niebla y dejaba en su lugar una inmensa curiosidad.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Pensó confusamente, al fin capturado en una trampa de la nostalgia, que tal vez si se hubiera casado con ella hubiera sido un hombre sin guerra y sin gloria, un artesano sin nombre, un animal feliz.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
Más frases de libros
Si te has quedado con ganas, aquí tienes otras novelas y otros autores para seguir subrayando.
La guerra, el poder y el tiempo de Macondo
El coronel Aureliano Buendía promovió treinta y dos guerras y las perdió todas. Sus frases hablan de eso y del tiempo de Macondo, que en vez de avanzar da vueltas sobre sí mismo. Si te interesa cómo lo contaba fuera de la novela, en estas frases de Gabriel García Márquez tienes sus entrevistas y artículos.
Guerras que no llevaron a ningún sitio
- «Nunca fue mejor guerrero que entonces. La certidumbre de que por fin peleaba por su propia liberación, y no por ideales abstractos, por consignas que los políticos podían voltear al derecho y al revés según las circunstancias, le infundió un entusiasmo enardecido.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «De todos modos no entendía cómo se llegaba al extremo de hacer una guerra por cosas que no podían tocarse con las manos.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Vislumbró que no había hecho tantas guerras por idealismo, como todo el mundo creía, ni había renunciado por cansancio a la victoria inminente, como todo el mundo creía, sino que había ganado y perdido por el mismo motivo, por pura y pecaminosa soberbia.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Había tenido que promover treinta y dos guerras, y violar todos sus pactos con la muerte y revolcarse como un cerdo en el muladar de la gloria, para descubrir con casi cuarenta años de retraso los privilegios de la simplicidad.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «La embriaguez del poder empezó a descomponerse en ráfagas de desazón.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Terminó por perder todo contacto con la guerra. Lo que en otro tiempo fue una actividad real, una pasión irresistible de su juventud, se convirtió para él en una referencia remota: un vacío.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «En realidad no le importaba la muerte, sino la vida, y por eso la sensación que experimentó cuando pronunciaron la sentencia no fue una sensación de miedo sino de nostalgia.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
Un pueblo donde el tiempo da vueltas
- «También el tiempo sufría tropiezos y accidentes, y podía por tanto astillarse y dejar en un cuarto una fracción eternizada.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Era lo último que iba quedando de un pasado cuyo aniquilamiento no se consumaba, porque seguía aniquilándose indefinidamente, consumiéndose dentro de sí mismo, acabándose a cada minuto pero sin acabar de acabarse jamás.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Preguntó qué ciudad era aquella, y le contestaron con un nombre que nunca había oído, que no tenía significado alguno, pero que tuvo en el sueño una resonancia sobrenatural: Macondo.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Se hicieron cada vez más lejanos los gritos de los pájaros y la bullaranga de los monos, y el mundo se volvió triste para siempre.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «La ciencia ha eliminado las distancias, pregonaba Melquíades. Dentro de poco, el hombre podrá ver lo que ocurre en cualquier lugar de la tierra, sin moverse de su casa.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «La única diferencia actual entre liberales y conservadores, es que los liberales van a misa de cinco y los conservadores van a misa de ocho.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Consideraba como una burla de su travieso destino haber buscado el mar sin encontrarlo, al precio de sacrificios y penalidades sin cuento, y haberlo encontrado entonces sin buscarlo, atravesado en su camino como un obstáculo insalvable.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «La búsqueda de las cosas perdidas está entorpecida por los hábitos rutinarios, y es por eso que cuesta tanto trabajo encontrarlas.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Hizo entonces un último esfuerzo para buscar en su corazón el sitio donde se le habían podrido los afectos, y no pudo encontrarlo.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «El tiempo aplacó su propósito atolondrado, pero agravó su sentimiento de frustración.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
Cuatro líneas para subrayar
Cortas y muy de García Márquez. La de la lluvia es de las más citadas: describe el diluvio que cae sobre Macondo cuando se va la compañía bananera. Caben en una dedicatoria o en la primera página de un cuaderno.
- «Nuestro deber es descubrir los privilegios de la simplicidad.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Apártense, vacas, que la vida es corta.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Lo esencial es no perder la orientación.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
- «Llovió cuatro años, once meses y dos días.» — Gabriel García Márquez (Cien años de soledad, 1967)
Volver a Macondo
La novela mezcla lo cotidiano y lo fantástico sin avisar, y gran parte de ese tono sale de las historias que se contaban en el Caribe colombiano. En Acento le dedican un artículo a la mitología popular y el realismo mágico de la novela. Si después quieres seguir con el mismo autor, las frases de El amor en los tiempos del cólera son la continuación natural: otra historia de amores que esperan toda una vida.
Y si la soledad de la que habla el libro te toca más de cerca de lo que te gustaría, no tienes por qué llevarla solo: hablarlo con alguien de confianza, o con un profesional, ayuda. Aquí tienes también frases de soledad de otros autores. ¿Cuál es tu frase de la novela? Si no está en la lista, cuéntanosla.


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