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Nostalgias

Nostalgias de la distancia

 

Son nostalgias de un tiempo que sigue avanzando y que no se detiene. Atrás queda la carta a mi abuela. Mitad de Febrero y las mañanas frías se empeñan en recordarme que el invierno no se va a ir tan fácilmente. Creo que ya me cansé de tanto frío, me cansé del frío meteorológico pero también del humano.

La distancia y sus nostalgias no ayudan a aliviar esa sensación de vacío que me invade por dentro y que en ocasiones me consume poco a poco. 2000 kilómetros hoy en día ya no son lo que eran, pero por muchos Whatssaps, Facebooks o Skypes que se inventen, me temo que aún les queda mucho para asemejarse a la sensación de estar sentado en la terraza de un bar con la familia o con amigos de toda la vida.

El precio de la distancia es el olvido de algunos, pero los de verdad no se olvidan ni te olvidan. Los que siempre estuvieron, están y sin duda estarán. Para ellos no hay distancia, trayecto ni muro que los aleje. Son los que siempre están, en las buenas y en las malas.

Cuando uno se marcha de casa a un lugar que no conoce, ese distanciamiento hace que las nostalgias empiecen a aflorar y a formar parte de tu día a día. Con el tiempo vas aprendiendo a entenderlas y a quererlas. ¿Cómo no lo ibas a hacer si son las que te recuerdan a quién quieres y qué es lo importante para ti?

Aunque hoy quisiera estar cerca, junto a mis nostalgias seguiré con la actitud de nunca rendirme:

Te busco, te persigo y te anhelo.
No te encuentro, pero no desespero.

 

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