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Motivaciones

La lucha que implica intentarlo

Confuso y en pie de guerra. En pie de guerra contra la pereza, la dejadez y mi falta de constancia. No es la primera vez que nos enfrentamos, pero esta vez quiero que sea la última. 
Supongo que al principio te acostumbras a convivir con ellas, después te acomodas a la falsa sensación de bienestar que ofrecen y cuando te quieres dar cuenta acaban formando parte de tu  vida y de tu personalidad. 
Sé que suena triste, pero más triste sería mentirme.
Sin embargo si esas miserables se llegaron a creer que no haría nada para poder deshacerme de ellas, estaban muy equivocadas. 
Al menos no sin intentarlo. El día uno del combate final ya llegó, y básicamente llegó porque ya me cansé. Ya me cansé de las medias tintas, de prometer feliz y de intentarlo sólo con el aire a favor. Me cansé de mis excusas, de mis lamentos y de echar la culpa a los demás de mi falta de éxito. 
Intentarlo
Montenegro


Sé que no me será fácil salir victorioso, más que nada porque nunca conseguí derrotarlas. La estadística juega en mi contra y además quién haya tratado de combatir a la pereza o a la falta de constancia sabrá de sobra que no hay enemigo más subestimado que ellas. Puede sonar vanidoso pero sólo el hecho de intentarlo, de enfrentarme cara a cara con ellas, ya se merecería multitud de elogios y halagos.

Aunque lo cierto es que lo que persigo poco tiene que ver con ganarse halagos o demostrar nada a nadie. Siendo honesto, lo hago por mi y por mi yo de ayer, por los sueños que ese niño tenía y que aún están por cumplirse.
¿No se han preguntado nunca qué pensaría de ustedes su yo ayer?
Me refiero a ese niño o a ese niña que se imaginaba en el mundo siendo astronauta, estrella de cine o futbolista.
¿Nunca se preguntaron si ese niño o niña estaría orgulloso de lo que ha llegado a ser?
Me lo pregunto a menudo y siempre llego a la conclusión que aunque puede que no estaría decepcionado, también me temo que hubiese esperado más de mi.
Así que en esas estamos, luchando sin cuartel por mi yo de ayer, con los pies hundidos en el barro pero motivados por el apoyo de esa voz en mi interior que me exclama a gritos que esta vez sí estoy preparado. Que está vez no habrá pereza ni falta de constancia que me derriben.
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