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Motivaciones

La felicidad y sus mandamientos

“Si puedes esperar y no cansarte en la espera, o si, siendo engañado no respondes con mentiras” Rudyard Kipling
 
Rudyard Kipling conocía la esencia de la vida y de la felicidad
Puede sonar pretencioso, pero nada más lejos de la realidad. 
No me cabe ninguna duda de que los suyos son los principios a seguir, aunque también se de buena fe de su dificultad. 
Siempre acudo a él cuando las cosas no me van tan bien como espero. 
No obstante también intento volver a él cuando ocasionalmente el éxito se cuela en mi vida. 
 
Me hubiese gustado que alguien en su día, en las numerosas horas que pasaba en la escuela, me lo hubiese enseñado. Supongo que para el sistema educativo era más importante aprenderse de memoria el día exacto del nacimiento de Cervantes. Da igual, me quedo con que al final descubrí el poema, o el me descubrió a mi, quién sabe.
 
Sin más, les dejo con estos 2:30 min de pura inspiración, narrados de manera brillante por Juan Peña.

 

SI, IF, DE RUDYARD KIPLING Versión de Juan Peña

Si eres capaz de mantenerte firme
cuando otros se dobleguen
y te reprochen luego que no hagas como ellos.

Si confías en ti cuando otros de ti duden,
y aun entiendas sus dudas.

Si sabes ser paciente en la espera.

Si te mienten y no respondes con mentiras.

Si aprendiste a no odiar aunque te odien,
y aun así no parezcas
ni demasiado bueno ni muy inteligente.

Si aprendes a soñar
sin que te lleguen a embaucar los sueños.

Si al pensar antepones la vida al pensamiento.

Si conquistas el triunfo o caes en la derrota,
y a esos dos impostores los tratas de igual forma.

Si puedes soportar que tu verdad
la ensucien con mentiras. 

Si sabes aceptar que te has equivocado,
y sin desfallecer has vuelto a empezar desde el principio.

Si tienes la osadia de arriesgar a la suerte
todo cuanto has ganado,
y aun perdiendo mantienes
intacta tu entereza sin quejarte.

Si puedes conseguir que tus tendones,
tu corazón, tus nervios
a su debilidad se sobrepongan
hasta hacerlos tan fuertes como tu voluntad,
y obedezcan tu voz si dices: ¡Adelante!

Si cuando hables en público
sigues siendo tú mismo, 
o aun estando con Reyes,
en la humildad encuentras tu grandeza.

Si alguien te quiso herir y apartaste la herida.

Si fuiste generoso, pero también contigo.
Si en los buenos momentos que a veces se te ofrezcan
aciertas a apurar cada segundo,

será tuya la tierra y sus dones,
y lo que más importa, hijo mío:
serás al fin un hombre.

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