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Desarrollo personal

John Nash, el genio que luchó contra su propia mente y ganó

Fuente: Wikimedia

En ocasiones nos acechan pensamientos negativos, nuestra propia mente nos pone trabas para conseguir nuestras metas y terminamos por tirar la toalla en aquello en lo que habíamos puesto todas nuestras esperanzas. El miedo al fracaso y a lo desconocido, provoca que seamos nosotros mismos, sin saberlo, nuestro mayor enemigo. “No puedo hacerlo” es una de las frases que más repetimos en nuestro día a día cuando realidad lo que deberíamos decir es “No me atrevo a hacerlo”.

Es en estos casos cuando conocer las historias de otras personas que fueron capaces de superar todo tipo de obstáculos en su vida nos ayuda a poner en perspectiva nuestra propia situación. De esta forma, alcanzamos a comprender que nada es imposible y que, por muy difíciles que resulten las cosas en ocasiones, siempre existe una solución. Historias que hacen que nuestros problemas parezcan nimiedades y que nos hacen darnos cuenta de lo afortunados que podemos llegar a ser, en contra de los pensamientos habituales que sabotean nuestra felicidad. Una de esas historias vitales increíbles es la de John Nash.

La historia de una de las mentes más privilegiadas del planeta comenzó el 13 de junio de 1928. Durante su infancia, John fue un niño solitario que encontraba mayor placer en leer y en resolver problemas matemáticos que en relacionarse con otros niños. Tras un brillante paso por la escuela, en donde se aventuró a probar de manera independiente el teorema de Fermat, y siguiendo los pasos de su padre, John Nash se matriculó en la Universidad Carnegie Mellon en 1945 con el objetivo de estudiar ingeniería química. Con todo, pronto se dio cuenta de que lo suyo eran las matemáticas y gracias a su profesor consiguió una beca en 1948 para realizar su doctorado en la Universidad de Princeton.

En aquel entonces, Princeton contaba entre sus filas con profesores de la talla de Von Neumann o Einstein. Motivado por la presencia de estos genios, el joven Nash comenzó a trabajar sin parar en la investigación matemática. Las aportaciones de Nash al campo de las matemáticas se caracterizan principalmente por lo novedoso de sus propuestas, ideas y técnicas. A partir de su tesis doctoral sobre la Teoría de Juegos, conocida popularmente como el “El equilibrio de Nash” y aplicable en múltiples disciplinas, ganaría el Premio Nobel de Economía en 1994. Elaborada a partir de los trabajos de sus profesores Von Neumann y Morgenstein, esta tesis le valió a John Nash para situar su nombre en el Olimpo de los matemáticos a la temprana edad de 21 años. Sin embargo, y a pesar de poseer una de las mentes más privilegiadas del planeta, la luz de Nash comenzó a apagarse un par de años más tarde, a finales de la década de los 50.

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Con tan solo 30 años, el matemático fue diagnosticado con esquizofrenia paranoide y su vida cambió para siempre. Su mente se puso en su contra y lo llevó a pasar horas y horas escribiendo en pizarras diferentes problemas para los cuales no existía una solución. Nash trataba de descubrir con sus erráticos cálculos las claves para terminar con una conspiración a nivel mundial que creía haber descubierto y que en realidad no existía.

Su comportamiento comenzó a ser cada vez más volátil y agresivo, encontrando enemigos allá por donde iba. Cuando la situación se volvió insostenible, John se vio obligado a permanecer 50 días en la institución mental McLean. Lejos de reconocer que tenía un problema, a su salida del hospital el matemático decidió huir a Europa y pedir asilo político. Según él, estaba siendo perseguido por agentes comunistas infiltrados que no eran más que parte de las alucinaciones que la enfermedad le provocaba.

Durante los siguientes años, John Nash estuvo ingresado en diferentes centros psiquiátricos recibiendo tratamiento para paliar su enfermedad. A su salida definitiva el matemático creyó que por fin se había recuperado, pero las alucinaciones volvieron a aparecer. En contra de la voluntad de todo su círculo, Nash dejó de medicarse debido a que los fármacos que le eran suministrados reducían su capacidad lógica y racional para trabajar. Sin medicación y con parte de la comunidad científica en su contra, la carrera de John Nash podría haber puesto su punto y final aquí. Pero no lo hizo.

El matemático era consciente de que si se medicaba sus capacidades se reducían, mientras que si no lo hacía sufría alucinaciones. La solución para Nash pasó por aprender a obviar estas alucinaciones, a convivir con ellas y poder seguir trabajando en su pasión: los números. De este modo, Nash llegó a publicar varios trabajos que consiguieron alcanzar una enorme influencia en estudios posteriores.

Además, durante el transcurso de su enfermedad, y gracias al apoyo de sus compañeros y amigos, John continuó ejerciendo de profesor de matemáticas, así como con su labor en el Departamento de Matemáticas de la Universidad de Princeton. Con el paso de los años, la enfermedad comenzó a remitir y aunque nunca terminó por desaparecer, estos períodos de tregua le valieron al matemático para seguir avanzando en su trabajo y abandonar su forma de pensar caótica de los primeros años para pasar a organizar sus pensamientos de una manera más lógica y racional, optimizando así sus investigaciones.

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A pesar de sufrir una de las enfermedades más devastadoras, John Nash supo hacer frente a sus fantasmas, para él de carne y hueso, y luchar contra su propia mente. Desde luego, en esta batalla tuvieron mucho que ver sus familiares y amigos, pero sin su fuerza de voluntad y superación, John Nash no podría haber llegado hasta dónde lo hizo.

Su esfuerzo se vio recompensado, como os decíamos al inicio de este artículo, con el Premio Nobel de Economía en 1994. Su extraordinaria vida fue plasmada cuatro años más tarde en la novela de Sylvia Nasar, A Beautiful Mind (traducida al castellano como Una mente maravillosa)En 2001 llegó a la gran pantalla la película homónima que, protagonizada por Russell Crowe, se alzó con cuatro estatuillas en los premios Oscar, incluido el de Mejor Película. A pesar de que muchos de los datos expuestos en el film no son correctos, Nash alabó la producción ya que ayudó en cierto modo a visibilizar las enfermedades mentales y a eliminar los prejuicios que el grueso de la población mundial tiene sobre ellas.

La luz de este prodigio de las matemáticas se apagó finalmente el 23 de mayo de 2015. A la edad de 86 años, John Nash fallecía junto a su esposa Alicia, de 82 años y uno de los grandes apoyos del matemático desde el inicio de su enfermedad, en un accidente de tráfico en la ciudad de Nueva Jersey. Ambos regresaban de Noruega a donde habían viajado para que Nash recogiese el Premio Abel, compartido con el también matemático Louis Nirenberg. Considerado como el Nobel de las matemáticas, el Premio Abel de 2015 fue a parar a manos de Nash y Nirenberg por su contribución a la investigación sobre la teoría de ecuaciones diferenciales no lineales parciales.

Y así, con un premio recién recogido, Nash dejaba huérfana a la comunidad matemática, que tanto le debe. Hoy en día, sus aportaciones matemáticas se siguen empleando en campos tan diversos como la economía y la biología evolutiva, y es que la de John Nash fue una mente que todavía sigue brillando

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